Me encantan los catálogos. Adoro recibir en casa los gruesos volúmenes de La Redoute (que menguó sorprendentemente la temporada pasada, en un intento por salvar el planeta – y la rentabilidad) y el psicótico catálogo de Ikea (¿acaso cabe algún mueble más en alguna de sus habitaciones?), recoger en tienda el arty catálogo de Habitat, y ver en casa de mi hermana el suuupersexy catálogo de Victoria’s Secret, que la siguen mandando a pesar de no haber comprado nada online en su vida.
Como decía, me pirra zambullirme durante un par de días en el submundo de un catálogo: analizar looks y precios, asimilar estilismos y empatizar con el espíritu de la firma, para luego acabar aturdida y empachada y abandonar el catálogo en el (creciente) montón de las revistas. Se supone que comprar online, por teléfono o por correo a partir de la información que nos ofrece un catálogo es funcional y elimina el estrés asociado a una sesión maratoniana de shopping, pero la realidad es que la descarga de adrenalina sólo se postpone hasta el momento de recibir el paquete. Es el momento en que, por mucha visión aeroespacial que haya podido aplicar una a las fotografías del catálogo, las sorpresas llegan, y a veces una detrás de otra. ¿Ah, pero tenía bolsillos? ¿Y esto es una 38? ¿Un poco chillón el verde celedón, no?
Ni que decir tiene que comprar lencería a través de un catálogo debe ser un acto de fe sólo comparable a la creencia en los milagros. El que la firma Victoria’s Secret haya levantado un “emporio” en torno a la venta de neumáticos sujetadores, minúsculos tangas y lencería sexy (y no tan sexy, que también trabajan la felpa) “Made in China” es sorprendente. Pero la historia tiene truco: además de contratar a los cuerpos más demandados del planeta, gran parte del catálogo está dedicado al prét-à-porter, y no uno cualquiera, sino uno deliberadamente sensual y muy norteamericano, donde el power-dressing y los escotes de vértigo son de rigor en según qué ambientes.
Esta guapa cool-hunter de Victoria’s Secret recorre las capitales europeas atrapando tendencias emergentes para luego transmitirlas al equipo de diseño. Es curioso como alguien “a la última” sigue fiel a sus ultra slim jeans, por algo será. Los pantalones vaqueros anchos se han visto poco y los bootcut desgastados siguen desterrados de la faz del planeta fashion. El look lo completan “shoots” (mezcla de zapatos “shoes” y botas “boots”) de taconazo y punta redonda, maxitop en suave lana y bolso Chanel grande con cadena larga. Cool and very chic.

Más slim jeans, esta vez dentro de unas estupendas botas planas en punta, como manda el dictado de esta temporada. Abrigo de doble botonadura en excelente tweed, bolso en bandolera y jersey cuello cisne en marfil, una opción iluminadora y muy sixties para chicas morenas. Guapa y abrigadita.
